Tarta de membrillo y almendra

Delicioso paladar y esponjosidad justa es lo que este postre os puede ofrecer.
El dulce de membrillo es una elaboración que nunca incluí entre mis favoritas, de ahí que nunca fijase mis ojos en la fruta del que procede. Pero un buen día tuve la suerte de vivir en una casa con un membrillo en el jardín, que además daba unos frutos hermosísimos, y me acordé de la famosa frase: "Si la vida te da limones, haz limonada". Me puse en marcha segura de que podía encontrar recetas interesantes con membrillos -diferentes del consabido dulce-, y no tardé en encontrar en la pantalla esta receta que hoy os presento y que me llegó a través de Otago Daily Times, uno de los principales diarios de Nueva Zelanda.
Estoy enamorada de esta foto de la fantástica Eva Nemeth. Echadle un vistazo a su perfil de Instagram @eva_nemeth y deleitaros con sus imágenes.
Ingredientes para 10 raciones:
● 4 membrillos medianos
● 100 gr azúcar
● 1 rama de canela
● 200 gr de mantequilla blandita, y otro poco para engrasar el molde
● 200 gr de azúcar (aparte de los 100 gr anteriores)
● 3 huevos más bien grandes
● 50 gr de harina
● 125 gr de almendra molida
● Una cucharadita de levadura en polvo
● Ralladura de un limón
● 5/6 cucharadas de azúcar glass
Para su elaboración empezaremos pelando y cortando los membrillos en trozos no demasiado pequeños, como de bocado. Los ponemos en una cazuela y los cubrimos con agua, añadiéndole la primera medida de azúcar (100 gr), y la rama de canela.
Los dejamos cocer 20 o 30 minutos, hasta que estén tiernos, y los escurrimos reservando unas cucharadas soperas de ese líquido.
Calentamos el horno a 180 grados. Engrasamos un molde de horno de 20/22 cms de diámetro y lo forramos con papel de hornear.
Batimos la mantequilla ablandada y el azúcar hasta que la mezcla resulte algo esponjosa. Le incorporamos los huevos batidos, de uno en uno. Cuando ya estén los huevos incorporados, añadimos la harina con la levadura, la almendra rallada y la ralladura de limón.
Añadimos los membrillos cocidos y bien escurridos a esta crema y una vez bien integrados vertemos la masa resultante en el molde.
Horneamos unos 40 minutos o más si fuese necesario, hasta que el bizcocho se vea dorado y al pincharlo no deje residuos. Lo sacamos del horno.
Mientras el bizcocho continúa caliente y en el molde, le hacemos unas pequeñas hendiduras con un pincho y vertemos sobre él una o dos cucharadas del líquido de cocer los frutos con azúcar que habíamos reservado.
Dejar que se enfríe en el molde.
Finalmente lo sacamos del molde y lo rociamos con un líquida denso resultante de mezclar el azúcar glas con otra cucharadita de líquido de cocción de la fruta. La receta original sustituye este líquido de cocción por sirope de membrillo, pero no creo que lo encontréis por estos lares.
Un ligero espolvoreado de azúcar glas le da el toque final.
Si el molde que usáis es de diámetro mayor, lógicamente el resultado será una tarta más bajita y que va a necesitar menos tiempo de cocción. A mí me gusta de las dos formas, pero así, en alto, parece que consigue una mayor cremosidad.
Y ya sólo os queda saborear este postre en buena compañía, servido con algunos frutos rojos o algo de helado, si os gusta la mezcla.