Mis platos de loza "Sarreguemines"

La cerámica de Sarreguemines es una cerámica de loza que se fabricó en la ciudad homónima francesa desde el siglo XVIII hasta principios del siglo XX.
Es muy similar en sus características a la bien conocida "Terre de Fer", que en su traducción al español sería "tierra de hierro", y al inglés como "Ironstone". Es una cerámica fina y resistente, similar a la porcelana, que se fabrica con arcilla, feldespato y caolín. Por ello es más cercana a la porcelana que otras variedades. En Reino Unido se la conoce como ironstone.
Me hace feliz presentaros hoy este pequeño conjunto de platos que llegó a mis manos por casualidad hace ya unos meses.
Creo que ya os hablé sobre mi afición por visitar los pequeños rastros benéficos como Remar, Reto o Betel, que se encuentran en muchas ciudades y que se dedican a vender cosas que la gente les dona. En ellos se encuentra material de lo más variado: desde electrodomésticos hasta juguetes, pasando por libros, menaje de hogar, ropa, lámparas, muebles...
Pues bien, en uno de mis paseos tuve la gran suerte de encontrarme con este conjunto de siete platos y una salsera de los que me enamoré a primera vista, a pesar de lo sucios y estropeados que estaban.
Tenían además manchas que la loza había absorbido, algunas de grasa y otras más bien negruzcas, imagino que consecuencia de haber sido guardados sin haberlos lavado y secado bien. Dado que los vendían por un precio irrisorio y que me vi con ganas de pelearme con ellos, me los llevé a casa y me puse manos a la obra.
Los fregué suavemente con polvos "Ajax" y no los enjuagué, para ver si el detergente conseguía comerse alguna de las manchas, y así fue. Alguno de los platos necesitó más de una pasada, pero con eso y con el uso de lejía para las marcas más resistentes, conseguí dejarlos relucientes y aptos para comer en ellos.
La verdad es que se trata de un conjunto precioso, que encaja perfectamente tanto en una mesa en pleno campo como en otra dentro de casa. Su diseño es atemporal.
En estas fotografías os muestro la loza sobre madera y sobre un mantel blanco. No sé cuál os gusta más, ambas opciones me parecen preciosas.
Todas las flores están pintadas a mano, cada una es diferente, y el esmalte les aporta el brillo necesario. Nadie diría que estos platos estaban hechos trizas. Debí haber hecho unas fotos del estado inicial, pero en verdad que no pensé que los fuera a poder recuperar.
La salsera es una preciosidad, como podéis apreciar. A mis hijas les resultó chocante el hecho de que el recipiente y el plato fuesen una sola pieza.
Esta es toda mi colección, siete platos llanos y una salsera. El detalle del borde decorado con una especie de fleco me parece de lo más divertido.
Y con esta foto de su sello os dejo, esperando que os haya gustado y animándoos a visitar estos rastros repletos de tesoros.