Pececillos en mis platos

¡Ay, qué ganas tenía yo de que llegase la temporada de cenitas y encuentros en el campo, de volvernos a sentar en torno a una mesa en plena naturaleza! Llevaba unos meses imaginándome esta combinación, y fue la adquisición de unos sencillos y campestres bajoplatos de "Maisons du Monde" la que finalmente me lanzó a ello.
Los platos inferiores son de 26 cms, también con motivos de peces. Sobre ellos coloqué unos platos totalmente setenteros que encontré en un "cash converters" hace unos añitos. Los platos más pequeños, monísimos pero de los que sólo tengo 4, los encontré este invierno en "@luz_del_norte". No dejéis de echarle un vistazo porque tienen cosas interesantes. Yo espero conseguir algún plato más para poder ampliar la mesa.
Las servilletas las compré recientemente en un mercadillo de una casa que se vaciaba. Son preciosas y están en perfecto estado. Es una suerte que se haya importado este sistema americano que facilita la vida al que vende y nos llena de alegría a los que disfrutamos encontrando pequeños tesoros a precios económicos.
En cuanto a la cristalería, las copas estriadas son préstamo de una de mis hermanas, y los vasos ahumados son de El Corte Inglés.
Estas fotos tan bonitas no lo serían tanto sin estas sillas antiguas de enea a las que les tengo mucho cariño. Son de una casa de campo familiar, y aquí están las seis que quedan, justas para los platos de que dispongo.
La silueta sinuosa de su respaldo le añade gracia a esta foto.
Como sólo disponía de cuatro platos "pezqueñines", opté por poner en las esquinas otros platos modernos comprados recientemente en un bazar chino. Encajan a la perfección con la gama de colores.
Como centro de mesa eché mano de unas flores silvestres abundantes en la zona y muy bonitas, pero que duran nada, se secan rápidamente y pierden todas las semillas. Estaban en su color perfecto cuando arranqué con el tema de la mesa, pero tardé unos días en poder hacer todas estas fotos y las flores ya empezaban a estar completamente secas y marrones. Afortunadamente parece que refresquen con las ramas de madreselva y jazmín que corretean por la mesa, esquivando velas, copas y platos de pan.
El enclave es precioso y la vegetación le otorga frescura a las imágenes. El único pero de esta sesión fueron los mosquitos, que cenaron a mi costa.
Las velas son piezas esenciales en una cena, más todavía si ésta es en el campo. Fue difícil fotografiarlas con todo su esplendor, pues el viento las apagaba.
Portavelas y cubiertos, como veis, dorados. ¡Aprovechamos el auge que está teniendo este color!
Y con todas estas imágenes os dejo, esperando que sean de vuestro agrado y que las disfrutéis tanto como yo al imaginarlas y realizarlas.